Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad TDAH

Trastorno por Deficit de Atención e Hiperactividad

Trastorno por Deficit de Atención e Hiperactividad

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad afecta mayoritariamente a niños y adolescentes aunque también puede extenderse a la vida adulta. El TDAH afecta negativamente al ámbito académico-laboral, al emocional y al social. Es una condición transcultural, incide mayormente en población en etapa escolar y los síntomas pueden persistir en la vida adulta (Mayor y García, 2011).

Hay polémica en cuanto a si el TDAH existe o si se está tratando de patologizar la creatividad (Robinson, 2006). Algunos profesionales de la salud mental hablan del sobrediagnóstico de este trastorno por cuestiones económicas que beneficiarían a la industria farmacéutica. Es importante no generalizar, tener en cuenta el caso por caso, y valorar si la conducta interfiere de una manera negativa y significativa en el día a día.

Historia

Desde principios del siglo pasado se habla de la sintomatología del actual TDAH.

Durante la primera mitad del siglo XX se consideraba que un daño cerebral era la causa de conductas indisciplinadas, comportamiento irritable y agresivo además de déficit atencional, escasa capacidad para la concentración y para demorar la respuesta.

En los años 60 se pone en entredicho que la causa de tal conducta sea una lesión cerebral y se empieza a hablar de trastornos cognitivos, de conducta o aprendizaje, empleando términos como dislexia o trastornos de lenguaje, hasta que surge el concepto de síndrome hiperactivo infantil, cuyo rasgo más definitorio es el exceso de actividad (Pérez, 2003).

Posteriormente surgen dos corrientes, la americana que habla de la hiperactividad como un trastorno conductual no necesariamente asociado a daño cerebral y la europea que considera que sí.

En la década de los 70 y 80 las investigaciones se centran en conductas como el déficit de atención, la impulsividad y la intolerancia a la frustración y a las conductas agresivas. Algunos autores como Douglas mantienen que el déficit en el control de los impulsos y en la atención sostenida es más importante que la hiperactividad.

Barkley (1990) define el déficit de atención con hiperactividad como “un trastorno evolutivo de la atención, del control de los impulsos y de la conducta regida por reglas, que surge en edades tempranas del desarrollo, tiene carácter general o crónico, sin que por ello se pueda atribuir a retraso mental, déficit sensorial o neurológico grave, ni alteración emocional severa”.

¿Es inquieto o tiene TDAH?

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales publica en 2002 los rasgos de este síndrome conductual y trata el trastorno como un constructo unitario, denominado trastorno por déficit de atención con hiperactividad (Pérez, 2003).

Para diagnosticar un TDAH se tiene en cuenta la inatención, la hiperactividad y la impulsividad. Estas dimensiones tienen que verse alteradas en varios ámbitos de la vida cotidiana, durante más de seis meses y los síntomas deben haber aparecido antes de los siete años de edad.

La inatención se refiere a cuando la persona tiene problemas para reaccionar ante un estímulo, para seleccionar a qué prestar atención o para estar alerta por si algo ocurriera. Suele haber incapacidad para mantener la atención en una tarea, distrayéndose con otros estímulos del entorno.

Cuando hay hiperactividad se cree que el niño presta atención a todos los estímulos del entorno de manera equitativa, le cuesta diferenciar lo importante de lo que no lo es. El motivo por el que no acabaría las tareas, especialmente las que demandan concentración, es que han de atender a otros estímulos y esto provoca que vayan más lentos y que cometan más errores. Cabe mencionar que en tareas simples o de procesamiento automático suelen ser mejores. En cuanto a la memoria, el hiperactivo necesita entender lo que estudia y repetirlo varias veces para recodarlo (Pérez, 2003).

La impulsividad tiene que ver con la incapacidad de inhibir una conducta y la necesidad de responder ante la presentación de un estímulo. Esto se relaciona con una baja tolerancia a la frustración.

Carece de autocontrol y al no poder controlar los impulsos se le considera temerario. Cuando han de resolver un problema responden de manera rápida sin analizar la información, por lo que cometen errores.

La impulsividad y la hiperactividad son las características que mejor describen a los niños con TDAH. Pero mientras que la hiperactividad remite con la edad, la impulsividad no.

La hiperactividad es la excesiva actividad, que no responde a una meta y que suele darse en contextos inapropiados. Suelen ser muy movidos y caerse a menudo, además de muy habladores. Al ir rápido, suelen escribir con bastantes faltas de ortografía.

Además de la inatención, la impulsividad y la hiperactividad, la dificultad para respetar las normas es otra de las características del TDAH. Tiene que ver con la dificultad para obedecer a los padres o profesores aunque esto no siempre va asociado a la hiperactividad.

Testimonios:

“Javier es un niño de 8 años muy movido. Le gustan mucho los deportes, juega a fútbol con sus compañeros a la hora del recreo, practica artes marciales como actividad extraescolar y parece no cansarse nunca. Suele tener moratones a causa de las caídas, no para quieto. Cuando está en clase, le cuesta llevar a cabo una tarea sin hablar con algún compañero, de hecho, parecería que les está molestando con sus continuos comentarios. La profesora suele regañar a Javier por hablar en clase. Cuando hace los deberes en casa tarda bastante tiempo ya que se distrae con facilidad y muchas veces no los acaba. Si se aburre mientras está tratando de resolver un ejercicio lo deja a medias, cambia de tarea y no lo finaliza porque se le olvida. Al día siguiente, cuando llega al colegio, la profesora le pide los ejercicios y comprueba que no los tiene, escribe una nota informativa a los padres quiénes al leerla castigan a Javier.“

“Lucía es una niña de 9 años que en la escuela empieza a tener dificultades. Cuando escribe comete muchas faltas de ortografía y le cuesta resolver las operaciones de los problemas matemáticos. En el recreo suele estar con dos amigas que al igual que ella no sacan muy buenas notas y no acostumbran a hablar con los demás. En casa, con su familia, es muy habladora y movida, prefiere bailar, saltar a la comba o dar volteretas en la cama antes que ver la televisión o estar sentada en el sofá, lo que más de una vez ha sido motivo de riña. Cuando la regañan suele reaccionar de una manera un tanto agresiva, llora, chilla, patalea y se encierra en su habitación antes que pedir perdón por su comportamiento.”

Estos ejemplos muestran dos comportamientos diferentes que podrían deberse a un TDAH. En ambos casos, la hiperactividad, la impulsividad, la inatención y la dificultad para respetar las normas están presentes pero de manera distinta.

Tanto Javier como Lucía prefieren actividades lúdicas donde puedan moverse físicamente, suelen ser castigados cuando “no paran quietos” y, en el caso de Lucía, pueden mostrar baja tolerancia a la frustración frente al castigo. Javier, en cambio, la manera que tiene de no obedecer las normas es de una manera más pasiva, no haciendo los deberes. Cabe señalar que los comportamientos de ambos no buscan provocar, sino que podría ser consecuencia del TDAH. También destacaremos que a partir de esta información no se puede diagnosticar un TDAH ya que comportamientos similares deberían aparecer en varias áreas de la vida del niño o la niña y causar un malestar que interfiera o dificulte su día a día de manera significativa. Pero estos ejemplos sirven para ilustrar que conductas aparentemente distintas podrían ser lo mismo pero manifestado de maneras diferentes.

Otro testimonio que ejemplificaría el TDAH con tendencia a la inatención sin hiperactividad sería el caso de Sergio.

“Sergio tiene 9 años y es muy tranquilo. Suele entretenerse con juegos sencillos y solitarios pero no es capaz de dedicarle más de una hora a una misma actividad. Cuando hace los deberes del colegio, si no entiende algún ejercicio se bloquea y deja de hacerlos, le cuesta pedir ayuda. A veces sí que acaba la tarea pero olvida llevarla al colegio al día siguiente, motivo por el cual los profesores suelen escribir notas a los padres. A veces, cuando su madre le pide que vaya a la habitación a buscar algo, Sergio va y cuando, al cabo de un rato, vuelve donde estaba su madre, se le ha olvidado qué iba a buscar.”

Tratamiento del TDAH

El tratamiento del TDAH es eminentemente psicológico y pedagógico. Algunos psicólogos recomiendan que se combine con un tratamiento farmacológico pero no todos los terapeutas están de acuerdo con la recomendación de medicación.

El tratamiento conductual ayuda a modificar o eliminar algunas conductas y a generar y mantener otras. Los padres y profesores deben estar implicados ya que son las figuras de referencia del niño o de la niña, ellos servirán como ejemplo y dadores de disciplina. Su papel es el de, en un primer lugar, fomentar comportamientos adecuados dando instrucciones claras y concisas y, después, el de modificar las conductas alteradas. Es importante que antes de intentar eliminar una conducta se le faciliten comportamientos alternativos.

El reforzamiento operante es uno de los métodos del tratamiento conductual. Existen diferentes técnicas para aumentar los comportamientos deseables, se utilizará una u otra dependiendo de cada caso particular.

-         Reforzamiento positivo y negativo: Si cuando se da una conducta las consecuencias son positivas esta conducta probablemente volverá a ocurrir. Si las consecuencias son negativas, por ejemplo castigos, la conducta tenderá a extinguirse.

-         Principio de Premack: Pedir al niño o a la niña que haga algo que no le gusta, como recoger su cuarto, para poder hacer algo que sí le gusta, como salir con los amigos.

-         Contrato de contingencias: es especialmente útil con adolescentes. Pactar por escrito tareas que han de llevarse a cabo y fijar qué consecuencias tendrá hacerlas. Los padres o profesores por un lado y el niño o niña por el otro se comprometen a cumplir lo pactado.

Una técnica útil para trabajar la desobediencia, la hiperactividad y la agresividad es la técnica de tiempo fuera que consiste en que cuando el niño o niña tengan un mal comportamiento se le lleve a un lugar que no le guste, por ejemplo, a una esquina o de cara a la pared.

Existen múltiples técnicas dependiendo de qué se pretende conseguir, si aumentar una conducta, eliminarla, mantenerla… Aquí se han mencionado algunas de las más empleadas.

El tratamiento cognitivo-comportamental  junto con el tratamiento conductual mejoran la generalización y mantenimiento de las conductas aprendidas. En el tratamiento de la hiperactividad, los resultados de los métodos de autocontrol cognitivo son prometedores, en especial en actividades académicas (Pérez, 2003).

La autoobservación, el entrenamiento en autoevaluación, el entrenamiento en autoevaluación reforzada y el entrenamiento de correspondencia son algunas de las técnicas que ayudan a mejorar el autocontrol. Todas ellas buscan que el niño o la niña aprendan a prestarse atención a sí mismos para poder identificar cuando se está actuando de una manera u otra, además de aceptar su parte de responsabilidad ya que controlar su conducta le servirá para mantener su autoestima.

Imagen Strocchi

Referencias bibliográficas

Barkley, R. A. (1990). Attention Deficit Hyperactivity Disorder (Handbook for diagnosis and treatment). Guilford: New York.

Mayor, J. y García, R. (2011). Trastorno por Déficit de Atención/Hiperactividad (TDAH). Revisión ¿Hacia dónde vamos ahora?. Revista Chilena de Psiquiatría Neurología de la Infancia y Adolescencia, 22(2), 144-154.

Pérez, M. (2003). Orientación educativa y dificultades de aprendizaje. Thomson: Madrid.

Robinson, K. (2006, febrero). Ken Robinson says schools kill creativity [conferencia].

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Silvia Gálvez Vázquez

Psicóloga especializada en psicología positiva y desarrollo personal. Realiza talleres y grupos terapéuticos.

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